Wednesday, January 03, 2007


Monday, November 27, 2006

Un sueño conmovedor. Dormía mis treinta años en la escasa paz del agazapado. Roncaba esbelta y desparramada por la cocina, el jardín; Dalí decoraba el fondo del espíritu. Ah, no más rebeldía: después de mil vueltas a lo pendejo, vuelvo al sueño. Pero una noche en el desierto, noche fría y de poca narrativa, nada había sucedido que no fueran las rosas, (porque a mí nunca se me dieron las rosas y esa noche descubrí tres botones que anunciaban el desbocamiento de la sangre, pero yo no lo entendí, porque mi olfato de bestia lo cambié por humo de tabaco). Y donde antes estuvo el pensamiento, quedó un trapecio mudo. Así que esa noche en el desierto, cuando no había más que contar, me fui a dormir. No sé si albergaba algo en el plano astral, algo sobre maternidad, un cable de alta tensión. El caso es que dormía a lado del amor, protegida entre sus brazos algo colgados por la edad, pero fuertes y tiernos. De pronto, mis cuatro hermanas volaban sobre mi vientre frío, flotaban dos de cada lado y escupían una baba azul incandescente mientras decían: En la luna llena de noviembre, vas a concebir. Llegó una hija junto con una tos estruendosa que aplastó con su matamoscas de flemas toda la teoría del caos. En el llanto, exigía orden. En la sonrisa, lo perpetuaba. Ay, cabrón. A Dalí se lo cargó el payaso y el amor, en su autismo, todavía me sonríe y sin embargo se lo nota cansado de la promesa. Le dije: no te vayas, voy a salir de esta. Es una depre pasajera y soy buena esposa y madre, estoy segura. ¿Ves esa ventana? Un día voy a poner una tarta de manzana a enfriar. ¿Te acuerdas del ave Fénix? Le pregunté con las anginas inflamadas de tequila. Pues ese pajarraco me hace los mandados.

Wednesday, October 25, 2006

No fuiste rayito de mi devoción, ni yo de tus fantasías. Nos unía lo Tampico y la Señal, y sin embargo la noticia de tu muerte me dio unas cornadas en la aorta: me sangra lo que pudimos ser, las letras, el taller, el buen vino y sobre todo el fuego inmortal del buen tabaco. Gracias por el abrazo.

Monday, October 16, 2006

Por donde yo vivo, hay por lo menos quince cenotes de personalidad y geometría distinta. Esta foto es un regalo para el anónimo enmascarado. Tal vez escribir sobre la tristeza es lavarse la culpa de tanta belleza

Tuesday, October 03, 2006

Quería unas vacaciones. Digamos, jugar a la ceguera, como cuando era niña y cerraba los ojos para compadecer a los desojados. Vamos, yo sí quería que te murieras. Cuántas veces ensayamos tu velorio. Juntas hablamos del puto puente, ese que se cayó a pedazos para astillarme la yugular. Ahora me duele todo de no tenerte. Me duele el grito que me tragué a puños para despedirte como una patricia: valiente y noble merecedora del nombre de todas tus muñecas rubias. Pero no he podido despedirme, me abundan las aguas negras que ensucian mis calzones que son los tuyos y que no he podido tirar, me da miedo que los recoja una borracha que a veces pasa con su carrito de supermercado, pero es tan pequeña para el algodón de tus pechos, que te ofenderías. Yo quería esconderme, jugar a abandonarnos y espiarte desde mi escondite en la alacena, tararear una canción de la adobleú y verte destapar un litro de cerveza para soplar de tu boca los 43 grados del invierno. Ya habíamos quedado. Me sacaste la promesa de no suicidarme jamás, el gran triunfo que me volvería giganta, luego sonreías por esta muñeca hecha de puros borradores ácidos que se amontonan en el muelle siempre empapado al final de mi cráneo.
Ahora me doy cuenta que me rehúso a crecer, será que no tengo un fuerte punto de referencia y si lo hiciera, lo hiciera como total experimento nuevo en mi ADN: Enter information: Age 44, Maturity test: No promovida. Eject. Fuera. Déjenla que siga jugando a crecer, que ensaye peyote, coyote, elote con chile directo desde la cuarta dimensión, las estrellas, la taquicardia esperando el big bang de todos los niños del mundo que tenemos mucho miedo: Y a Gepeto ¿quién lo invitó? Fuera, fuera, somos aquí pura raza de madera. Es que yo también tengo miedo. Esta bien abuelo, te hacemos un campito debajo de la cama si te traes unas galletas de higo. Pero no nos enseñes tu cosa ni nos hagas mañas, porque vamos a retrasar el proceso de maduración y luego vamos a tener un bajísimo coeficiente emocional. Además, me va a dar culpa sentir placer, voy a automutilarme los ovarios y luego me voy a querer coger a todos los viejitos del mundo.

Monday, March 06, 2006

¿Dónde habitan las venas de sol que me abandonaron? El desierto no me sirve pues su fe ejerce el encanto tramposo del ardor. Me he vuelto la mirada de un libro desordenado. No habitan los hados estas uñas, sino cemento. Y heme aquí con sueños de vampiros y aguas monstruosas que me vuelven musgo y nieve. Mi respiración busca la uva amansada pero se me está muriendo mi muerte. Dios y diablos pelean el vaho impuro. El cursi epitafio “la vida no fue tan buena, pero los sueños fueron maravillosos” no alcanzó a descifrarse en el juego del ahorcado. Me tragué el trapecio de la esperanza. Se volvió lombriz que anida en los ovarios. Se secó la fuente que da la vida. Se mete el mar por el tobogán de la oreja. Escucho voces. La voz de mi niña y el reclamo por la memoria que le arrebato. El nacimiento paralelo de su otra vida y los ojos como ruedas de carroza en despedida, siempre en despedida. Qué helado miedo. Miren al asesino: es la pluma, el balcón, las escaleras, el crepúsculo, el agua, el viento, la soga, el fuego. Pobre niña mía sin su bicicleta con la que me podría decir adiós. Ahora es libre. Rodando los rayos por el asfalto, persiguiendo a la carroza negra. Allá va mi poca madre, cielo empachado de gases, estruendos de brillos, sí, pero al fin nubarrones que borraron sus ojos. Salta de su bicicleta y al vuelo golpea los cristales ¡déjenla ir! Está asustada de tenerme. Asustada del hambre, del canto quebrado, de la sombra y el espejo. Allá va mi madre que no quiso el regalo del huevo hueco y pidió despertar. Oh, pobre madre. ¿Quién te dijo que yo quería la disciplina, la leche, las largas tardes de números, el trazo perfecto de la letra? ¿Quién te engañó de esa manera? Solamente pon tu mano en mi sueño.

Tuesday, December 13, 2005

ELIZABETH IV (Cómic sin dibujitos)

Hacer el viaje en caída libre aferrada al mezcal de la alegría rodando por una duna de arena. La monja loca le cuida la tristeza por unos momentos y la acomoda bajo el hábito donde también resguarda las cenizas de la risa. Elizabeth le da un trago a la botella y se limpia las comisuras con los dedos amoratados de tanto cerrar el flujo de la sangre que ya no es roja, menos río. Éramos niños, dice, tan niños que inventamos el mar. Duna abajo, mi madre sonríe: a falta de perlas, la piedra gris es su hueso maxilar. Tiene los ojos de obsidiana y en su dedo un anillo de bodas que la ahorca. Pero la cerveza lo vuelve oro puro y el anillo entonces se convierte en perfecto círculo de luna nueva. Mis hermanos y yo hacemos una ronda alrededor de la mesa para dos mientras mi padre busca conchas de abulón que retengan el brillo. Al caer la tarde, encendemos un fuego. La historia del Viejo y el Mar se lía en la lengua de tabaco. No hay comparsa de olas, sino la sal quemando al viento. Mi madre destapa la cerveza del estribo, la que la hará dormir en la carpa del olvido.